En una de las principales regiones lecheras de Argentina, investigadores buscan nuevas herramientas para enfrentar una enfermedad persistente de los tambos: la mastitis bovina. La apuesta combina materiales de origen natural con estrategias para fortalecer la respuesta inmunitaria de los animales, con el objetivo de mejorar el control de las infecciones y reducir la necesidad de recurrir a antibióticos.
Los trabajos se desarrollan en el Instituto Multidisciplinario de Investigación y Transferencia Agroalimentaria y Biotecnológica —IMITAB, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Villa María—, en Córdoba. Dos de esas líneas fueron incluidas en un seminario institucional programado para el 19 de octubre de 2026, a cargo del médico veterinario Fernando Laconi y la bioquímica Paula Mónaco, ambos becarios doctorales. La convocatoria, publicada el 13 de octubre, describe investigaciones con hidrogeles y nanopartículas de quitosano.
La mastitis consiste en la inflamación de la glándula mamaria, frecuentemente asociada a infecciones bacterianas. Su impacto alcanza la salud y el bienestar de las vacas, la cantidad de leche producida y su calidad. Entre los microorganismos que dificultan el control aparece Staphylococcus aureus, capaz de persistir en la ubre y generar infecciones crónicas.
Parte del problema reside en sus mecanismos de protección. Las bacterias pueden organizarse en biopelículas, comunidades adheridas y rodeadas por una matriz que dificulta su eliminación, o sobrevivir dentro de células del animal. Estas condiciones pueden reducir la eficacia de los tratamientos y favorecer la continuidad de la infección.
El proyecto de Laconi estudia hidrogeles formulados con combinaciones de polímeros naturales que poseen actividad antimicrobiana e inmunoestimulante. La investigación evalúa cómo actúan sobre bacterias aisladas de infecciones persistentes, incluidas aquellas que crecen en biopelículas.

Según la descripción institucional, el trabajo contempla pruebas de laboratorio y evaluaciones en bovinos de leche para comparar la recuperación clínica y la eliminación de la infección con los tratamientos actuales. Esa comparación es decisiva: para convertirse en una herramienta productiva, una formulación debe demostrar que su actividad experimental se traduce en beneficios para los animales.
Mónaco, por su parte, investiga nanopartículas de quitosano, un biopolímero con propiedades antimicrobianas e inmunomoduladoras. Su proyecto busca determinar si pueden inducir lo que se conoce como inmunidad entrenada: cambios en la respuesta de las defensas innatas que podrían mejorar su reacción ante posteriores desafíos infecciosos.
El equipo informó que, en sus evaluaciones experimentales, las nanopartículas mostraron mayor actividad antimicrobiana que el quitosano en su forma original frente a aislamientos bovinos de Staphylococcus. El paso siguiente es establecer el alcance de esa actividad y de la estimulación inmunitaria como estrategia de prevención. Estos resultados no equivalen todavía a demostrar protección sostenida en rodeos comerciales.
La búsqueda también contempla posibles usos complementarios. El IMITAB describe investigaciones sobre la combinación de quitosano y antibióticos durante el período seco, cuando la vaca deja de ser ordeñada antes de una nueva lactancia. El objetivo es explorar si ambas herramientas pueden potenciarse y mejorar el control de las infecciones.
Las fuentes institucionales consultadas presentan líneas de investigación en desarrollo y no anuncian un producto comercial aprobado. La convocatoria del seminario tampoco publica porcentajes de curación ni una reducción cuantificada del consumo de antibióticos. Para evaluar su aplicación en los tambos será necesario conocer los resultados completos, su seguridad y su desempeño en diferentes condiciones productivas.
Para Argentina, el interés trasciende una enfermedad específica. La experiencia acumulada en producción agropecuaria, veterinaria y biotecnología ofrece una base para desarrollar soluciones adaptadas a problemas locales. Si los resultados se validan, estas investigaciones podrían abrir oportunidades para empresas de sanidad animal, formulación de biomateriales y producción de insumos veterinarios.
El desafío será conectar ese conocimiento con ensayos, fabricación y transferencia al sector productivo. En Villa María, la cercanía entre laboratorios y cuenca lechera ofrece un punto de partida concreto: investigar una necesidad del tambo y construir evidencia para determinar si puede convertirse en una nueva herramienta sanitaria.