La iniciativa surge como respuesta directa a una vulnerabilidad que Washington reconoce desde hace años: China concentra más del 70% del procesamiento global de tierras raras y domina múltiples eslabones de la cadena de valor de minerales como litio, níquel, cobalto y grafito.
Estos materiales son esenciales para la fabricación de semiconductores, baterías, vehículos eléctricos, sistemas de armas avanzadas y tecnologías limpias, lo que le otorga a Beijing una poderosa palanca geopolítica.
Según informó Reuters, la Casa Blanca evalúa estos minerales como activos estratégicos comparables al petróleo, capaces de alterar el equilibrio económico y militar en escenarios de crisis. En la misma línea, Bloomberg ha señalado que la dependencia estadounidense de China en este segmento se convirtió en uno de los principales cuellos de botella para la reindustrialización y la seguridad tecnológica del país.

El diseño del Project Vault replica la lógica de la Reserva Estratégica de Petróleo, pero adaptada al siglo XXI. El plan prevé la creación de un stock físico de minerales críticos que permita garantizar hasta 60 días de abastecimiento ante disrupciones geopolíticas, comerciales o logísticas.
El presupuesto estimado asciende a USD 12.000 millones, de los cuales alrededor de USD 10.000 millones provendrán de préstamos de largo plazo del U.S. Export-Import Bank, mientras que unos USD 1.700 millones serán aportados por el sector privado. La estructura es público-privada, con participación directa del Ex-Im Bank en la gobernanza y supervisión del esquema.
La compra, almacenamiento y gestión del stock quedará en manos de traders especializados en materias primas, entre ellos Hartree Partners, Traxys North America y Mercuria Energy Group, actores habituales del mercado global de commodities estratégicos.

Uno de los rasgos más innovadores del proyecto es la participación directa del sector privado. Grandes compañías industriales y tecnológicas —incluyendo firmas del sector automotriz, aeroespacial, tecnológico y de defensa— accederán a la reserva mediante un sistema de membresías, que les permitirá obtener minerales en situaciones de emergencia o disrupción extrema del mercado. Empresas como General Motors, Boeing y Google figuran entre los actores involucrados, según surge del esquema delineado por la administración.
El modelo busca reducir la exposición corporativa a shocks de precios, evitar la acumulación de inventarios estratégicos en los balances empresariales y compartir riesgos entre el Estado y el sector privado.
De acuerdo con análisis citados por The Wall Street Journal, este tipo de mecanismos refleja un cambio profundo en la relación entre gobierno y grandes empresas, donde la seguridad de suministro pasa a ser una responsabilidad compartida.

Seguridad nacional, industria y transición energética
El Project Vault se articula con otras políticas federales orientadas a impulsar la minería, la refinación y el procesamiento doméstico de minerales críticos, así como con iniciativas legislativas bipartidistas que buscan ampliar las reservas estratégicas y acelerar inversiones en territorio estadounidense.
Más allá del impacto inmediato en los mercados —donde el anuncio generó una reacción positiva en empresas vinculadas a tierras raras—, el proyecto es leído por analistas como una señal clara de que Estados Unidos considera estos minerales un componente central de su seguridad nacional.
El propio diseño del plan reconoce sus límites. En el corto plazo, la iniciativa no elimina la dependencia estructural de China, especialmente en la etapa de procesamiento, donde Beijing mantiene una ventaja difícil de revertir. Su efectividad dependerá de la escala real del stock, de la ejecución operativa y, sobre todo, de la continuidad política y presupuestaria del programa.

Como advierte Bloomberg, sin una aceleración en permisos, inversiones y capacidades industriales locales, la reserva puede funcionar como amortiguador, pero no como solución definitiva.
Con un presupuesto millonario y una lógica inédita de cooperación público-privada, el Project Vault se perfila como una de las apuestas más ambiciosas de la administración Trump para reconfigurar la soberanía industrial y tecnológica de Estados Unidos.
En un mundo donde los minerales críticos son tan estratégicos como el petróleo del siglo XX, Washington busca asegurarse un lugar en la disputa por los insumos que definirán el poder económico del siglo XXI.