Según un memo firmado por Michael Kratsios, director de la Oficina de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca (OSTP), Washington sostiene que existen evidencias de campañas de “industrial-scale distillation” realizadas principalmente desde China para copiar sistemas de frontera desarrollados por compañías estadounidenses. Axios reveló que la administración describe el uso de “decenas de miles de cuentas proxy” y técnicas de jailbreaking para evadir controles, extraer respuestas masivas y reproducir capacidades propietarias de modelos avanzados.
La distillation no implica necesariamente robar el código fuente ni los pesos completos de un modelo, sino entrenar un sistema alternativo a partir de las respuestas generadas por otro más potente. En términos prácticos, permite aprender del comportamiento de un modelo líder sin afrontar el costo multimillonario de construirlo desde cero. Reuters explicó que la Casa Blanca considera esta práctica una amenaza de seguridad nacional porque permite a competidores extranjeros acortar drásticamente la brecha tecnológica, debilitando la ventaja estadounidense en la carrera global por la IA. Además, Washington advierte que esos modelos derivados pueden eliminar salvaguardas de seguridad y restricciones incorporadas por las empresas originales.

El antecedente inmediato llegó desde el sector privado. En febrero, Anthropic acusó a laboratorios chinos como DeepSeek, Moonshot AI y MiniMax de haber ejecutado campañas masivas de distillation sobre Claude. Según la compañía, se crearon más de 24.000 cuentas fraudulentas y se generaron más de 16 millones de interacciones para extraer capacidades del modelo y mejorar sistemas competidores. OpenAI ya había planteado preocupaciones similares previamente, especialmente en torno a DeepSeek.
La Casa Blanca anunció que compartirá inteligencia con empresas estadounidenses de IA, reforzará la coordinación defensiva con el sector privado y evaluará mecanismos para responsabilizar a actores extranjeros involucrados en estas operaciones. En paralelo, crece en el Congreso el respaldo bipartidista a iniciativas para identificar y eventualmente sancionar a compañías que se beneficien de estas prácticas. Reuters señala que este endurecimiento ocurre en simultáneo con las restricciones sobre exportación de chips avanzados de empresas como NVIDIA, consolidando a la Inteligencia Artificial como uno de los principales frentes de la disputa geopolítica entre Washington y Beijing.