GOBIERNO

Publicado 28/01/2026

Inteligencia Artificial y la infraestructura global: qué lugar puede ocupar Argentina

Las declaraciones de Jensen Huang no son solo una descripción técnica del estado de la IA. Son una definición política y económica del nuevo orden tecnológico. La IA ya no es una discusión sobre software o creatividad algorítmica: es una discusión sobre infraestructura estratégica, comparable —y superior en escala— a las grandes obras públicas del siglo XX.
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Las declaraciones de Jensen Huang no son solo una descripción técnica del estado de la IA. Son una definición política y económica del nuevo orden tecnológico. La IA ya no es una discusión sobre software o creatividad algorítmica: es una discusión sobre infraestructura estratégica, comparable —y superior en escala— a las grandes obras públicas del siglo XX.

Jensen Huang - CEO de NVIDIA

Cuando Huang afirma que se necesitan billones de dólares para construir la infraestructura de la IA, está señalando algo más profundo: el poder económico futuro no estará únicamente en quien diseñe los mejores modelos, sino en quien controle las capas inferiores del sistema. Energía, cómputo, data centers y conectividad son los verdaderos cuellos de botella.

Este cambio de paradigma reconfigura el mapa de oportunidades globales. Países que hasta ahora parecían periféricos en la economía digital pueden adquirir un rol central si logran articular tres condiciones básicas: energía disponible, territorio apto y reglas claras. En ese marco, Argentina no parte de cero.

 

Vaca Muerta - Argentina

 

El país cuenta con activos estratégicos relevantes: Vaca Muerta como fuente de energía a gran escala, un potencial renovable significativo y una tradición técnica y científica que puede integrarse a cadenas de valor tecnológicas. Sin embargo, la ausencia de una estrategia nacional de infraestructura para IA amenaza con relegar a Argentina a un rol puramente consumidor.

El riesgo es claro: sin políticas activas, el país quedará ubicado en la quinta capa del “pastel” de Huang —la de las aplicaciones— pero sin capturar renta estructural. Usará IA importada, sobre infraestructura extranjera, pagando en divisas por servicios críticos.

 

 

La oportunidad, en cambio, es estratégica. Pensar la IA como infraestructura permite articular una agenda que combine energía, data centers, incentivos fiscales, formación técnica y estabilidad regulatoria. No se trata de “subirse a la moda de la IA”, sino de decidir si Argentina quiere ser territorio de despliegue o solo mercado de consumo.

En el mundo que describe Jensen Huang, los data centers son la nueva obra pública, la energía es soberanía tecnológica y los chips son geopolítica. La pregunta ya no es si la IA va a transformar la economía, sino quién va a alojar físicamente esa transformación. Argentina todavía está a tiempo de ocupar un lugar relevante. Pero la ventana no es infinita. En la era de la inteligencia artificial, la infraestructura decide el futuro antes que el software.