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GOBIERNO

Publicado 25/03/2026

Ciudades inteligentes en América Latina: menos modelo importado, más gestión adaptada al territorio

Funcionarios, organismos multilaterales y especialistas coincidieron en que la agenda smart city en la región no pasa por tecnología en abstracto, sino por su capacidad de resolver problemas concretos, mejorar la gestión y generar impacto social.
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Funcionarios, organismos multilaterales y especialistas coincidieron en que la agenda smart city en la región no pasa por tecnología en abstracto, sino por su capacidad de resolver problemas concretos, mejorar la gestión y generar impacto social.

La agenda de ciudades inteligentes en América Latina atraviesa una fase de redefinición. Ya no se trata de replicar modelos globales ni de incorporar tecnología como fin en sí mismo, sino de traducir herramientas digitales en capacidad efectiva de gestión, impacto social y cercanía con el ciudadano.

Esa fue la línea que atravesó el panel “Smart Urban Management: Collaboration between Ibero-American Cities”, donde confluyeron visiones del sector público, organismos multilaterales y el ecosistema tecnológico. El panel se dio en el marco del Smart21 Community of the Year, uno de los puntos de la agenda de la delegación a Curitiba de intendentes, funcionarios públicos y referentes tecnológicos.

 

 

Desde la CAF, Juliana Zambrano planteó un punto estructural: el problema no es la falta de financiamiento o de soluciones, sino la capacidad de los municipios para formular proyectos con claridad estratégica.

“Acompañamos a los municipios para ligar una mejora social”, afirmó, y precisó que el desafío central es conceptual: “Tienen que entender cuál es la esencia del proyecto, explicar cuál es la necesidad y a quién quieren empoderar”.

En ese sentido, subrayó que existen instrumentos concretos —incluidos créditos no reembolsables— pero que el acceso a esos recursos depende de la calidad del diseño y del enfoque del proyecto.

 

 

El diagnóstico fue complementado por Lucía Bellocchio, CEO de Trens Smart Cities, quien planteó una tensión estructural en la región: la brecha entre la agenda global de smart cities y la realidad latinoamericana.

“Cómo adaptar la agenda a la realidad latinoamericana es el desafío”, sostuvo.

Para Bellocchio, el punto de partida es reconocer que las ciudades ya operan en un sistema híbrido: “Estamos en un entorno entre lo físico y lo virtual. Hay que comprender esta complementariedad”.

En ese esquema, los datos aparecen como infraestructura crítica de gestión: “Son un insumo importante. Nos ayudan a comprender la demanda”. Pero advirtió que la clave no está en acumular tecnología, sino en traducirla en políticas concretas: “Hay que pensar una agenda smart city que se adapte al entorno y a la necesidad de la ciudad”.

Además, introdujo un punto sensible para la región: la necesidad de alfabetización tecnológica dentro del Estado y la cooperación intermunicipal como mecanismo para escalar capacidades.

 

Intendenta de Cañuelas, Marisa Fassi

 

Desde la gestión local, la intendenta de Cañuelas, Marisa Fassi, llevó la discusión al terreno operativo.

“Vemos a la innovación como una herramienta especial para tener cercanía con el vecino”, afirmó, marcando un enfoque donde la tecnología no es un fin, sino un medio para mejorar la relación Estado-ciudadano.

Fassi destacó la posición estratégica del municipio —vinculado al mercado agroganadero más importante del mundo— y explicó cómo esa condición se combina con políticas de digitalización y seguridad. Entre las iniciativas mencionó la biblioteca digital, sistemas de monitoreo y programas como Tranquera Segura, en un esquema donde la tecnología potencia la gestión cotidiana.

También remarcó la lógica de aprendizaje activo que hoy atraviesa a los gobiernos locales: “Venimos acá para aprender para mejorar nuestra gestión”.

En ese marco, proyectó un salto cualitativo: “Podemos avanzar mucho con inteligencia artificial”.

 

 

El cierre conceptual lo aportó Lucas Lanza, coordinador de la Red argentina de ciudades inteligentes, quien sintetizó el momento actual como una ruptura respecto del pasado reciente: “Las nuevas tecnologías son una oportunidad que antes no estaba”.

La frase condensa el cambio de paradigma: por primera vez, los municipios, incluso con restricciones estructurales, tienen acceso a herramientas que pueden redefinir su capacidad de gestión, planificación y toma de decisiones.

El consenso del panel deja una conclusión clara: en América Latina, la ciudad inteligente no se define por sensores, plataformas o dashboards, sino por su capacidad de articular tecnología, gestión pública y necesidades sociales en un mismo sistema operativo. La discusión ya no es tecnológica, es política, institucional y estratégica.