Amodei, en una entrevista ela WSJ, planteó que la IA podría impulsar aumentos del producto bruto de entre 5% y 10%, una cifra muy por encima de los promedios históricos de crecimiento de las economías desarrolladas.
Sin embargo, alertó sobre un escenario paradójico: ese mismo salto de productividad podría venir acompañado de niveles elevados de desempleo, cercanos al 10%, debido a la automatización acelerada de tareas y puestos de trabajo.
Según el directivo, esta combinación —alto crecimiento con fuerte desplazamiento laboral— representa un desafío político y social inédito.
“No alcanza con que la economía crezca; es clave cómo se distribuyen esos beneficios”, señaló, subrayando que, sin políticas públicas adecuadas, la riqueza generada por la IA podría quedar concentrada en un pequeño grupo de empresas tecnológicas y regiones específicas.

En ese marco, Amodei defendió un rol más activo de los gobiernos para asegurar que el impacto positivo de la inteligencia artificial alcance al conjunto de la sociedad.
Si bien no propuso una única solución, sugirió que será necesario repensar instrumentos como los sistemas impositivos, los mecanismos de redistribución, la capacitación laboral y las redes de protección social, adaptándolos a una economía profundamente transformada por la IA.
El CEO de Anthropic también advirtió sobre un posible “escenario de pesadilla” en el que polos tecnológicos como Silicon Valley experimenten una prosperidad sin precedentes, mientras amplios sectores de la población quedan rezagados, generando tensiones sociales y políticas difíciles de contener.

Las declaraciones de Amodei se inscriben en un debate cada vez más visible dentro de la propia industria tecnológica, donde algunos de los principales referentes comienzan a reconocer que el desafío de la inteligencia artificial ya no es solo técnico, sino económico, social y político. La pregunta central, según planteó, no es si la IA generará riqueza, sino quiénes se beneficiarán de ella y bajo qué reglas.