INTELIGENCIA ARTIFICIAL

Publicado 17/03/2026

Los emprendedores que revolucionaron internet ahora van por la IA

Tres empresarios con treinta años de historia en común, tres empresas creadas juntos y una misma obsesión: hacer accesible la tecnología de punta. Daniel Nofal, Damián Maldini y Pablo Saubidet presentaron de manera oficial a Restart, su nueva compañía.
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Tres empresarios con treinta años de historia en común, tres empresas creadas juntos y una misma obsesión: hacer accesible la tecnología de punta. Daniel Nofal, Damián Maldini y Pablo Saubidet presentaron de manera oficial a Restart, su nueva compañía.

Desde el ruido del dial-up que dejaron atrás con el nacimiento de Fibertel hasta el silencio algorítmico de la inteligencia artificial que hoy buscan instalar en las empresas medianas y grandes de Argentina y la región.

 

 

Un ADN que viene de lejos

La historia, como la contó Saubidet, arranca hace tres décadas en Cablevisión. “Vimos el impacto que podía tener e hicimos una empresa como intraemprendedores. Se llamó Fibertel y tuvo la particularidad de ser la primera empresa de internet de banda ancha de América Latina”, recordó. Ese proyecto no solo los unió profesionalmente, sino que sembró una visión: “Apuntar a hacer accesible la tecnología de punta a aquellos segmentos que todavía no podían acceder a ella. En el sentido más amplio: precio, calidad, condiciones de contratación”.

Esa misma lógica la aplicaron en Iplan en 1999, enfocándose en las miniempresas, y luego en 2008, cuando empezaron a migrar de ser una telco a convertirse en una techco. “Hoy, más del 50% de nuestra facturación viene de servicios que no son de conectividad. Nadie vende en Argentina tantos servicios de la nube de Google, Microsoft o Huawei como Iplan”, afirmó Saubidet, trazando la línea que conecta aquel pasado con el presente.

 

El spin-off necesario: nace RESTART

El salto al mercado de las empresas medianas y grandes, impulsado por la irrupción de la inteligencia artificial, los enfrentó a una disyuntiva. “A instancias de Damián, nos dimos cuenta de que, si bien el apoyo de Iplan iba a ser fundamental, teníamos que crear una empresa independiente”, explicó Nofal. 

Las reglas del juego para ese segmento eran distintas. Así nació RESTART, que mantiene los valores y el respaldo del grupo, pero con un approach estratégico, comercial y operativo propio. “Seguimos teniendo la intención de que los clientes nos elijan y nos mantengan por amor, más que por otras cuestiones menos virtuosas”, sintetizó Pablo Saubidet.

 

 

El quiebre: jugar con reglas distintas

“Nosotros no vendemos un proyecto, mostramos cómo funciona algo”, explicó Maldini. La diferencia es abismal. Donde antes se hablaba de implementaciones de años, ellos presentan un MVP funcional en cinco semanas. Donde se cobraba por hora hombre, ellos lo hacen por consumo. “Atacamos procesos, cosas bien concretas. Y lo podemos hacer porque hay años de desarrollo de aplicaciones de IA atrás que nos soportan. Ya funciona antes de empezar a implementarlo”, detalló.

Ese abordaje tiene un nombre y una metodología. La llaman IARC (IA Readiness Check) y es, según explican, el corazón de su diferencial. "El IARC evalúa si la empresa está realmente lista para aplicar inteligencia artificial: cómo está la adopción, el cambio cultural, la decisión organizacional y, sobre todo, cómo están los datos", detallaron. "La inteligencia artificial es un dato procesado. Si el dato es malo, lo único que hacés es amplificar ese error", graficaron, dejando claro que no se trata de aplicar IA porque sí, sino de construir sobre una base sólida.

 

Tres casos para entender todo

Para bajar a tierra la teoría, Nofal compartió ejemplos reales. El primero, una encuestadora política. “Reemplazamos las llamadas manuales por un encuestador con voz, que habla y tiene mejores resultados. Lo hicimos en cinco semanas, cuesta unos 1.500 dólares por mes”. Según detallaron en la presentación, los resultados de esta solución fueron contundentes: permitió incrementar en un 40% la cantidad de encuestas completadas, mejorar en un 25% la calidad de las respuestas abiertas y reducir a la mitad el costo por encuesta.

El segundo, cadena de locales de indumentaria que quería conocer mejor a sus clientes. Con las cámaras ya instaladas, analizaron el video para hacer “sentiment analysis”. “Sabés si la persona está contenta, si pone cara de feliz, qué experiencia tuvo. Información que antes quedaba en la percepción del vendedor, ahora es dato puro”, explicó.

Este tipo de soluciones de visión cognitiva tienen un costo para el usuario que ronda entre los 1.500 y 2.000 dólares mensuales, un importe compuesto principalmente por los "tokens" necesarios para el consumo de los modelos de IA.

El tercero fue para un estudio de abogados. Un agente que analiza contratos y reduce el tiempo operativo en un 60%. “Apenas lee un contrato, marca los puntos de riesgo. El abogado usa su inteligencia para atacar los problemas, no para leer un boilerplate”, graficó.

En el caso del agente legal inteligente, el impacto fue igual de preciso: logró acelerar en un 65% los tiempos de revisión contractual, permitiendo a los abogados enfocarse en el análisis profundo de los puntos críticos en lugar de la lectura de cláusulas estándar.

 

 

IA funcional vs. IA personal, y la resistencia cultural

Uno de los conceptos centrales que surgió en la charla fue la diferencia entre la IA que mejora la productividad individual y la que transforma la empresa. “En una empresa chica, la IA se incorpora como personal.

Mejora la productividad individual. Pero en las empresas grandes, nosotros atacamos lo que llamamos IA funcional: la que interviene un proceso de negocio”, diferenció Maldini. “Cuando atacás el proceso, no importa el tamaño de la compañía. La habilidad es la misma”.

El enfoque en los procesos no es caprichoso. Llega en un momento donde, según estudios recientes, el verdadero desafío ya no es adoptar IA, sino escalarla. Un informe de McKinsey señala que el 78% de las organizaciones ya utiliza IA en al menos una función, pero Boston Consulting Group advierte que el 74% de las empresas latinoamericanas enfrenta dificultades para alcanzar valor real con sus iniciativas. 

En Argentina, un estudio de Microsoft reveló que, si bien el 85% de las empresas medianas ya aplica IA, muchas aún no saben por dónde empezar. El Banco Interamericano de Desarrollo, por su parte, suma obstáculos estructurales: falta de infraestructura de datos y escasez de talento especializado. En ese contexto, el diagnóstico de Restart cobra aún más peso: la mayoría se queda en pruebas piloto porque no tiene una estrategia de proceso.

Pablo Saubidet puso el foco en el desafío que viene después de la venta. “Nunca hubo tanta demanda por una tecnología. El FOMO es enorme. Pero eso convive con una resistencia cultural dentro de las empresas”, advirtió. Por eso, explicó, el approach de precios acotados, la visibilidad rápida de resultados y la creación de la Restart Academy apuntan a trabajar “cuerpo a cuerpo” con el cliente para atravesar esa barrera natural.

 

Los dolores reales y un mercado que madura

Consultados sobre qué encuentran del otro lado del mostrador, los founders fueron claros. “Arrancan desde la eficiencia. Piensan en automatizar y reducir personas”, dijo Nofal. Pero en la charla, el foco cambia. “El CEO arranca con la reducción de costos, pero después el de ventas se imagina cómo atender 24x7, algo que era impensado. Ahí aparece la oportunidad de crear, no sólo de recortar”.

En ese sentido, Maldini fue enfático en que la ecuación no es menos gente. “No lo piensen siempre como ahorro de costo. Hay productos enteros que eran imposibles y ahora son posibles. Nuevas fuentes de ingreso, nuevos servicios. Eso es mucho más interesante que solo reducir personal”.

Sobre el momento del mercado, Nofal arriesgó una visión: “Este año va a ser el punto de inflexión. La demanda está madurando. Antes era experimental, 'probemos a ver'. Ahora ya no”.

 

 

Los números y el mapa regional

Hoy, RESTART factura 12 millones de dólares anuales. Pero la mira está puesta más arriba. Sin fechas, pero con convicción, afirmaron que es una compañía que “va a buscar los cien millones de dólares”. Para eso, la expansión regional ya está en marcha. “Vamos a arrancar por Chile, y también apuntamos a Perú este año”, confirmó Saubidet, explicando que el proceso es secuencial: primero la oficina comercial para la distribución de soluciones con socios como Huawei, y luego el despliegue de los servicios de consultoría.

Las perspectivas, de hecho, son "muy ambiciosas", tal como las definió Pablo Saubidet durante el encuentro. "Apuntamos a cobertura regional y tenemos previsto acelerar el crecimiento orgánico con compras de otras empresas que tengan contactos y know-how", reveló, dejando entrever que la hoja de ruta de Restart no se limita al crecimiento propio, sino también a la adquisición de talento y presencia en nuevos mercados para alcanzar esa meta de facturación.

Esta ambición regional se apoya en una lectura madura del momento que atraviesa la tecnología. "Restart nació en pleno auge de la IA generativa, cuando muchas empresas querían 'dos kilos de IA' sin saber para qué", recordaron. "El hype fue tan alto que muchas se metieron en proyectos sin estrategia, sin datos, sin cultura organizacional. Y fracasaron. Hay que construir primero la casa antes de pintar las paredes." Hoy, en cambio, "estamos en una meseta más lógica, donde las empresas entienden que esto no es magia. Hay que trabajar sobre procesos, sobre datos, sobre cultura organizacional". 

La hoja de ruta es clara. Y la convicción, la misma que hace treinta años cuando apostaron a un invento llamado banda ancha. “Los que manejaban carruajes eran pocos. Los que manejan autos son todos. Con la IA es lo mismo”, cerró Maldini. “No hay que tenerle miedo a la evolución tecnológica. Termina siendo positiva”.