China volvió a cuestionar la creciente narrativa de temor alrededor de la inteligencia artificial y advirtió que convertir su desarrollo en una competencia geopolítica puede bloquear la construcción de un sistema internacional de gobernanza.
El portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, Guo Jiakun, aseguró que difundir relatos sobre amenazas, fomentar la confrontación y promover una competencia maliciosa “solo interferirá” en la cooperación global necesaria para controlar esta tecnología.
“La inteligencia artificial afecta al bienestar de toda la humanidad. Todas las partes deben trabajar juntas para promover un desarrollo abierto, inclusivo y orientado al bien común”, afirmó durante una conferencia de prensa en Beijing, informó Noticias Argentinas.
La declaración respondió a una consulta sobre las advertencias formuladas desde compañías estadounidenses acerca de los riesgos asociados al progreso tecnológico chino. Para Beijing, caracterizar a China como una amenaza no contribuye a mejorar la seguridad, sino que refuerza una lógica de bloques que dificulta alcanzar acuerdos internacionales.
Seguridad o contención tecnológica
La reacción china se produjo después de que Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, propusiera reducir el ritmo de avance de los modelos más poderosos y establecer mayores controles. Su planteo recibió el respaldo de figuras como Sam Altman, de OpenAI; Demis Hassabis, de Google DeepMind, y Elon Musk, fundador de xAI.
Amodei planteó tres líneas principales: evaluaciones externas con acceso suficiente para detectar riesgos, estándares comunes entre países democráticos y algún mecanismo de coordinación con China para evitar incidentes de alcance global.
Sin embargo, parte de su argumentación también vinculó la carrera tecnológica con la posibilidad de que los sistemas avanzados sean utilizados para fortalecer regímenes autoritarios o alcanzar ventajas militares. Es en ese punto donde Beijing interpreta que el debate sobre seguridad puede transformarse en una herramienta de contención tecnológica.
La posición china no implica negar los peligros de la inteligencia artificial. El gobierno de Xi Jinping reconoce riesgos relacionados con la ciberseguridad, la manipulación informativa, la pérdida de control humano y la estabilidad política. La diferencia está en cómo define el origen del problema: Beijing rechaza que la amenaza sea el desarrollo chino en sí mismo y sostiene que la respuesta debe surgir de acuerdos multilaterales, no de restricciones impulsadas unilateralmente por Washington.
Dos modelos enfrentados
Washington considera que conservar el liderazgo en inteligencia artificial es una cuestión económica y de seguridad nacional. El presidente Donald Trump rechazó la posibilidad de frenar el avance tecnológico y resumió su posición con una idea contundente: quien gane la carrera por la IA tendrá una ventaja estratégica decisiva.
China, en cambio, presenta su estrategia bajo los principios de apertura, inclusión y acceso equitativo, especialmente para los países del Sur Global. Su Plan de Acción para la Gobernanza Global de la IA propone ampliar la cooperación internacional, reducir la brecha tecnológica y evitar que un pequeño grupo de países o empresas concentre las capacidades más avanzadas.
Detrás de esos discursos también existen intereses nacionales concretos. Estados Unidos busca proteger su liderazgo en chips, centros de datos y modelos de frontera. China intenta impedir que los controles de exportación y las restricciones al acceso a semiconductores limiten su crecimiento tecnológico.