Una investigación de la empresa de ciberseguridad NorForge reveló que un hacker utilizó agentes de inteligencia artificial para intentar ingresar en más de 1.200 sitios web y consiguió comprometer sistemas de más de 100 empresas, entre ellas compañías internacionales como Deere, SharkNinja y Cummins.
El caso expone una transformación en el funcionamiento de los ciberataques: herramientas de inteligencia artificial capaces de identificar vulnerabilidades, realizar pruebas y ejecutar intrusiones con una intervención humana limitada.
Según el investigador Snorre Fagerland, responsable del descubrimiento, el atacante delegó gran parte del trabajo en sistemas automatizados que podían operar durante horas sin supervisión constante.

Uno de los aspectos más relevantes de la investigación es el bajo costo estimado de la operación.
El hacker habría utilizado aproximadamente 5.000 dólares en recursos de inteligencia artificial, equivalentes a unos 50 dólares por cada intrusión exitosa, según los cálculos del investigador.
Esta cifra corresponde al consumo estimado de modelos de IA y no necesariamente al costo total de la infraestructura empleada.
Los agentes podían analizar sitios web, detectar posibles fallas de seguridad y desarrollar sucesivos intentos de acceso.
Según la investigación, las intrusiones exitosas demandaban habitualmente unas 23 horas de actividad automatizada, durante las cuales los sistemas continuaban buscando alternativas para superar las defensas informáticas.
La investigación identificó el uso aparente de tecnologías vinculadas con DeepSeek, desarrollada en China, y Claude Code, de la empresa estadounidense Anthropic.
El atacante habría coordinado estas herramientas mediante Cairn, una plataforma de código abierto diseñada para organizar tareas ejecutadas por agentes de inteligencia artificial.
La utilización de estas tecnologías en actividades delictivas no implica que sus desarrolladores hayan participado en los ataques.
El elemento novedoso es que herramientas creadas para automatizar tareas informáticas legítimas también pueden ser aprovechadas para ejecutar operaciones maliciosas.
Entre las organizaciones identificadas por Reuters aparecen Deere, fabricante de maquinaria agrícola; SharkNinja, especializada en electrodomésticos; y Cummins, dedicada a motores y tecnologías industriales.
Los ataques alcanzaron sitios vinculados con empresas de Estados Unidos, Canadá, Australia y Japón.
No obstante, el alcance de las intrusiones varió según cada organización. Deere afirmó que no se accedió a información sensible, mientras SharkNinja indicó que el incidente quedó limitado a un sitio de soporte y fue contenido.
Por lo tanto, comprometer un sitio web no significa necesariamente acceder a toda la infraestructura de una empresa ni sustraer sus bases de datos.

El caso demuestra cómo la inteligencia artificial puede reducir significativamente las barreras técnicas y económicas necesarias para realizar ataques informáticos complejos.
Hasta hace pocos años, determinadas operaciones requerían equipos especializados, conocimientos avanzados y una inversión considerable de tiempo.
La aparición de agentes autónomos permite que una sola persona coordine simultáneamente numerosos intentos de intrusión, ampliando la escala potencial de las amenazas digitales.
Este escenario plantea nuevos desafíos para empresas, gobiernos e instituciones que administran información sensible.
La automatización de los ataques obliga a desarrollar sistemas defensivos capaces de identificar comportamientos sospechosos, responder con mayor velocidad y proteger infraestructuras críticas.
La inteligencia artificial se consolida así como una herramienta de doble uso: puede fortalecer la ciberseguridad, pero también multiplicar la capacidad operativa de los delincuentes informáticos.