El plan prevé que la Casa Blanca reciba cerca de 10.000 millones de dólares provenientes de inversores que tomaron el control de las operaciones estadounidenses de TikTok, propiedad de la empresa china ByteDance.
El acuerdo surgió después de que Washington presionara a ByteDance para reorganizar TikTok en Estados Unidos por motivos de seguridad nacional y protección de datos. El resultado fue la creación de una empresa conjunta mayoritariamente estadounidense, con inversores como Oracle, Silver Lake y el fondo soberano de Abu Dhabi MGX.
Según el informe, los inversores ya pagaron unos 2.500 millones de dólares al Tesoro estadounidense al cerrarse la operación, y se prevén pagos adicionales hasta alcanzar los 10.000 millones.
La administración Trump sostiene que el pago está justificado por el rol que tuvo el gobierno en la negociación con China y en la resolución del conflicto regulatorio que amenazaba con prohibir la aplicación en Estados Unidos, donde tiene más de 200 millones de usuarios.

El modelo se extiende a los semiconductores
El enfoque no se limita al caso TikTok. La administración también ha explorado mecanismos para recibir ingresos directos vinculados a la exportación de tecnología estratégica, particularmente semiconductores utilizados en inteligencia artificial.
En ese marco, el gobierno impulsó acuerdos con fabricantes como Nvidia y AMD para que una parte de los ingresos provenientes de ventas de chips de IA a China sea transferida al gobierno estadounidense.
El porcentaje podría alcanzar alrededor del 15 % de las ventas, convirtiendo las licencias de exportación en una fuente directa de ingresos fiscales vinculados a la geopolítica tecnológica.
Este enfoque marca un cambio significativo en la política industrial estadounidense. Tradicionalmente, el gobierno regula exportaciones estratégicas —especialmente en sectores sensibles como semiconductores— pero no cobra directamente por autorizarlas.
La estrategia refleja el creciente peso geopolítico de la economía digital: desde plataformas como TikTok hasta los chips de inteligencia artificial que alimentan centros de datos y modelos avanzados.
La combinación de acuerdos corporativos, controles tecnológicos y pagos al Estado revela un enfoque cada vez más transaccional de la política tecnológica internacional.