El mercado de criptomonedas recibió una señal adversa desde Washington. El Senado de Estados Unidos frenó el avance del proyecto CLARITY, una iniciativa destinada a establecer un marco federal para los activos digitales, y volvió a instalar una de las principales incógnitas que atraviesa al sector: cuánto tiempo demandará construir reglas capaces de acompañar su integración con el sistema financiero tradicional.
La reacción se trasladó rápidamente al mercado. Bitcoin, ether y XRP retrocedieron, mientras que las acciones de Coinbase también registraron una fuerte caída. Sin embargo, el movimiento inicial debe distinguirse de una crisis de confianza más profunda y tampoco puede atribuirse exclusivamente al resultado legislativo.
La votación del 15 de septiembre terminó con 49 apoyos y 50 rechazos, por debajo de los 60 votos necesarios para superar esa instancia. El resultado bloqueó un paso de procedimiento para continuar con el tratamiento, pero no fue una votación definitiva sobre la aprobación de la ley.
Para Matías Bari, CEO y cofundador de Satoshi Tango, la reacción debe analizarse a partir de las expectativas que el mercado había depositado en el proyecto.
“La reacción del mercado después de que el Senado de Estados Unidos frenara el avance del CLARITY Act se puede leer como un suspiro de decepción más que como un pánico. Había mucha expectativa puesta en esa ley: era la primera chance real de tener un marco federal claro para los activos digitales, separando responsabilidades entre la SEC y la CFTC, y dando previsibilidad a exchanges, emisores y desarrolladores”.
Según Bari, el resultado volvió a extender una espera que los inversores comenzaban a considerar próxima a resolverse.
“Al no avanzar, el mercado ajustó a la baja, con un tono de ‘otra vez se alarga la espera’. No fue un derrumbe dramático, sino una corrección lógica: se descontó un poco de esa prima de optimismo regulatorio que se había armado en las últimas semanas”.

Tras la votación, Barron’s reportó una caída cercana al 4% en bitcoin, superior al 6% en ether y próxima al 12% en XRP. Las acciones de Coinbase, una de las principales compañías del ecosistema, retrocedieron alrededor del 10%.
Los porcentajes corresponden a la reacción observada durante esa jornada y no representan cotizaciones actuales. Tampoco permiten concluir que el bloqueo de CLARITY haya sido la única causa de los movimientos.
Para Bari, las diferencias entre las criptomonedas responden, entre otros factores, al grado de incertidumbre regulatoria que todavía rodea a cada activo.
“El impacto no es igual para todos. Bitcoin suele sentirse menos, porque ya tiene un consenso bastante sólido de que no es un security y su narrativa es más madura. Ether se mueve un poco más porque gran parte de la actividad de smart contracts y DeFi depende de cómo se definan las fronteras regulatorias”.
En el caso de XRP, sostiene que la sensibilidad histórica frente a las decisiones regulatorias estadounidenses ayuda a explicar una reacción más pronunciada.
“XRP, en cambio, históricamente ha sido más sensible a cualquier señal que tenga que ver con claridad legal en Estados Unidos; por eso la reacción fue más marcada. Cuanto más ‘en disputa’ esté el status de un activo, más se nota el golpe cuando se retrasa una ley que prometía ordenarlo”.
El Digital Asset Market Clarity Act busca ordenar la distribución de responsabilidades entre dos de los principales organismos regulatorios estadounidenses: la Securities and Exchange Commission (SEC) y la Commodity Futures Trading Commission (CFTC).
La delimitación de competencias pretende reducir las zonas grises existentes sobre el tratamiento de los activos digitales y las actividades desarrolladas alrededor de ellos.
Para las empresas del sector, la discusión va mucho más allá de las variaciones diarias de las criptomonedas. Saber qué organismo interviene, cuáles son las obligaciones regulatorias y bajo qué condiciones puede lanzarse un producto resulta determinante antes de realizar inversiones.
Bari identifica allí uno de los principales costos de la falta de definiciones.
“Para una empresa del sector, contar con reglas previsibles no es un lujo, es el oxígeno. Sin ellas, todo se vuelve más caro y más lento: más abogados, más incertidumbre a la hora de lanzar productos, más riesgo de que mañana cambie la interpretación de un regulador y te encuentres en zona gris”.
Satoshi Tango fue fundada en 2014, cuando el mercado cripto todavía se encontraba lejos del nivel actual de integración con empresas financieras, inversores institucionales y sistemas de pagos.
Para Bari, reglas estables permitirían trasladar parte de los recursos destinados actualmente a resolver incertidumbres jurídicas hacia el desarrollo de nuevos productos.
“La previsibilidad permite planificar a mediano plazo, atraer capital institucional con más tranquilidad y competir en igualdad de condiciones. Cuando las reglas son claras, el foco se corre de ‘¿esto es legal?’ a ‘¿cómo lo hacemos mejor?’. Y eso, a la larga, es lo que hace crecer a toda la industria”.

Las diferencias que impidieron avanzar con CLARITY no fueron exclusivamente técnicas.
Entre los puntos de conflicto aparecieron las restricciones sobre los intereses económicos de funcionarios públicos en negocios vinculados con las criptomonedas, con especial atención sobre los del presidente Donald Trump. Legisladores demócratas cuestionaron las salvaguardas propuestas y reclamaron mayores exigencias frente a posibles conflictos de interés.
También persistieron diferencias entre el sistema bancario tradicional y las compañías cripto alrededor de las recompensas asociadas a las stablecoins.
Los impulsores republicanos sostuvieron haber incorporado 126 modificaciones solicitadas por legisladores demócratas, entre ellas disposiciones éticas y facultades para que el Tesoro pudiera intervenir frente a determinadas salidas de depósitos bancarios vinculadas con stablecoins.
Los cambios, sin embargo, no alcanzaron para conseguir los votos necesarios.
El impacto de la discusión estadounidense adquiere características particulares en Argentina. Para una parte de los usuarios locales, los activos digitales no funcionan únicamente como una inversión especulativa, sino también como herramientas para ahorrar, cobrar, transferir dinero o acceder a activos vinculados al dólar.
“Acá las criptomonedas no son solo inversión: para mucha gente son herramienta de ahorro, de cobro o de protección frente a la inflación y los controles. Una demora en Estados Unidos no cambia de un día para el otro el uso cotidiano —seguimos operando, transfiriendo y guardando—, pero sí afecta el clima global”, explica Bari.
La continuidad de esas operaciones no significa que Argentina permanezca aislada de lo que sucede en los grandes mercados internacionales.
“Menos claridad allá suele traducirse en menos apetito institucional, menos productos nuevos y, a veces, en más volatilidad de precios”.
En otras palabras, una demora regulatoria en Estados Unidos puede no modificar inmediatamente la forma en que un argentino compra o transfiere criptomonedas, pero sí alterar el contexto internacional en el que esos activos se negocian.
El bloqueo legislativo tampoco implica necesariamente el final del proyecto.
El 16 de septiembre, analistas de JPMorgan señalaron que todavía existe una vía para volver a tratarlo, aunque consideraron extremadamente estrecho el margen para conseguir su aprobación durante este año. Una moción de reconsideración presentada por el senador Thom Tillis mantiene abierta la posibilidad de una nueva votación, aunque no garantiza que puedan reunirse los apoyos necesarios.
Al mismo tiempo, la SEC y la CFTC continúan desarrollando sus propias agendas regulatorias. Antes de la votación, el presidente de la SEC, Paul Atkins, había anticipado que el organismo avanzaría con determinadas reglas incluso si CLARITY no conseguía superar el Congreso.
“Al mismo tiempo, la industria no se detiene: los reguladores norteamericanos ya dijeron que van a seguir avanzando con reglas propias, y eso puede traer algo de orden por otra vía”, señala Bari.
La alternativa regulatoria puede reducir parcialmente algunas zonas grises, aunque no equivale a contar con un marco legislativo federal aprobado por el Congreso.
Para el CEO de Satoshi Tango, el episodio también funciona como recordatorio de que el mercado cripto no depende exclusivamente de las decisiones políticas estadounidenses.
“Para nosotros, lo importante sigue siendo lo de siempre: diversificar, entender lo que se tiene y no depender de una sola narrativa política de Washington. El ecosistema cripto es global, y Argentina ya demostró que sabe navegarlo con pragmatismo”.
El futuro de CLARITY permanece abierto. Mientras Washington intenta resolver las diferencias políticas y regulatorias, el mercado vuelve a enfrentarse a un escenario conocido: innovación tecnológica que avanza a mayor velocidad que las reglas destinadas a ordenarla.