Ford Motor mantuvo conversaciones con la automotriz china Geely para evaluar una posible expansión de su cooperación desde Europa hacia Estados Unidos, incluyendo la posibilidad de licenciar tecnología y plataformas desarrolladas por el grupo chino para futuros vehículos en el mercado norteamericano. Según reveló The Wall Street Journal, las negociaciones avanzaron incluso durante este año, aunque en los últimos meses quedaron frenadas por el fuerte costo político y regulatorio que implicaría una alianza de este tipo en pleno endurecimiento de Washington frente a Beijing.
El posible acuerdo habría marcado un hecho inédito: una asociación directa entre una automotriz de Detroit y un fabricante chino para incorporar tecnología de origen chino en vehículos vendidos en Estados Unidos. Geely, segundo mayor fabricante automotor de China detrás de BYD y propietario de participaciones clave en Volvo Cars y Polestar, busca hace tiempo una puerta de entrada al mercado estadounidense, donde las automotrices chinas enfrentan barreras casi totales por aranceles del 100% y nuevas restricciones sobre software de vehículos conectados.
Las conversaciones incluían la posibilidad de que Ford utilizara plataformas estructurales de Geely —la base técnica sobre la que se construyen distintos modelos— para acelerar desarrollo y reducir costos en vehículos eléctricos e híbridos. Sin embargo, el CEO de Ford, Jim Farley, endureció públicamente su postura en las últimas semanas y afirmó que los autos fabricados en China no deberían ingresar a Estados Unidos “hasta que exista un plan para proteger el empleo industrial”. La compañía remarcó además que cualquier acuerdo que facilite el ingreso de una automotriz china al mercado estadounidense sería “contrario” a su compromiso de defender su mercado doméstico.
La sensibilidad política no es menor. Ford ya enfrenta críticas en Washington por su acuerdo con la china CATL para una planta de baterías de US$ 3.000 millones en Michigan, mientras también analiza acuerdos con BYD para el suministro de baterías híbridas fuera de Estados Unidos, según Reuters. La discusión de fondo no es solo comercial: las automotrices estadounidenses sostienen que no pueden competir contra los bajos costos y el fuerte subsidio estatal que impulsa a los fabricantes chinos, hoy líderes globales en vehículos eléctricos e híbridos de nueva generación.
Por ahora, Ford y Geely concentran sus negociaciones en Europa, donde el grupo chino podría utilizar la planta de Ford en Valencia, España, para evitar los aranceles europeos a autos importados desde China y aprovechar la capacidad ociosa de la automotriz estadounidense. Pero el episodio deja una señal más profunda: incluso las grandes automotrices de Detroit reconocen que la ventaja tecnológica china ya no puede ignorarse. La disputa dejó de ser solo comercial y pasó a ser una cuestión de soberanía industrial.