NUEVAS TECNOLOGÍAS

Publicado 24/03/2026

Ciencia y agua: cómo el CONICET desarrolla soluciones para un recurso cada vez más crítico

En el marco de la semana del Día Mundial del Agua, las investigaciones científicas vuelven a señalar un punto central: el problema no es solo la escasez, sino también la calidad, el acceso y la gestión de un recurso atravesado por dimensiones ambientales, tecnológicas y sociales.
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En el marco de la semana del Día Mundial del Agua, las investigaciones científicas vuelven a señalar un punto central: el problema no es solo la escasez, sino también la calidad, el acceso y la gestión de un recurso atravesado por dimensiones ambientales, tecnológicas y sociales.

Equipos del IBR, ISHIR y CIFASIS (CONICET-UNR) están trabajando sobre distintas dimensiones del agua: desde bacterias capaces de detectar y eliminar contaminantes hasta modelos con Inteligencia Artificial que permiten anticipar escenarios y tomar decisiones.

En el Instituto de Biología Molecular y Celular de Rosario, una de las líneas más innovadoras desarrolla biosensores bacterianos que detectan metales tóxicos en el agua. El equipo de Susana Checa logró modificar microorganismos para que emitan señales fluorescentes al entrar en contacto con contaminantes, permitiendo no solo identificar su presencia, sino también medir la fracción biodisponible, es decir, la que efectivamente puede generar daño en los organismos. Esto introduce un cambio relevante: pasar de medir contaminación a medir riesgo real.

En paralelo, otra línea liderada por Natalia Gottig trabaja en biorremediación, utilizando bacterias que transforman metales disueltos como el manganeso en partículas insolubles que pueden ser filtradas. Este proceso permite mejorar la calidad del agua de forma sustentable y abre nuevas posibilidades, ya que los compuestos generados también pueden absorber otros contaminantes.

Sin embargo, el principal obstáculo no está en el laboratorio. El desafío es escalar estas soluciones a contextos reales, donde intervienen múltiples variables. A esto se suma una limitación estructural: la falta de transferencia tecnológica efectiva, necesaria para que estos desarrollos lleguen al territorio.

 

Investigadores del CIFASIS, ISHIR, IBR.

 

El agua también es un problema político. Desde el ISHIR, el investigador Pablo Suárez plantea que las inundaciones y el acceso desigual al agua no son fenómenos naturales inevitables, sino el resultado de decisiones humanas. La expansión urbana sin planificación y la falta de infraestructura convierten al agua en un factor de riesgo. El caso del arroyo Ludueña, en Rosario, muestra cómo la ausencia de políticas públicas puede profundizar desigualdades territoriales.

A esta mirada se suma el trabajo del CIFASIS, donde se desarrollan modelos computacionales y herramientas de Inteligencia Artificial para analizar cómo el clima, el uso del suelo y la actividad productiva impactan en la disponibilidad y calidad del agua. El equipo de Martín Romagnoli utiliza simulaciones y datos de sensores remotos para anticipar escenarios y mejorar la toma de decisiones, especialmente en zonas agrícolas clave.

El diagnóstico es consistente: la ciencia argentina produce conocimiento con capacidad de impacto, pero su efectividad depende de factores externos como el financiamiento, la articulación institucional y la implementación.

El agua no es solo un recurso: es un punto de cruce entre salud, ambiente, producción y desigualdad. En ese escenario, la ciencia ofrece herramientas, pero el resultado final depende de cómo se las utilice.