Los anteojos inteligentes prometen convertir las cámaras y la inteligencia artificial en dispositivos de uso cotidiano. Pero su expansión también abrió un problema de privacidad: ¿cómo saber si la persona que tenemos enfrente lleva unos lentes capaces de grabarnos?
Una aplicación intenta dar una respuesta. Se llama ZuckOff y fue desarrollada por el programador polaco Pawel Szydlowski, de 30 años. Su función es detectar la presencia de determinados anteojos inteligentes en las inmediaciones mediante las señales Bluetooth que emiten los propios dispositivos.
La aplicación puede reconocer modelos como Ray-Ban Meta, Oakley Meta y Snap Spectacles. Para hacerlo, analiza las señales de Bluetooth Low Energy y busca identificadores asociados a dispositivos conocidos.
El principio es relativamente sencillo: los dispositivos Bluetooth transmiten determinada información para poder comunicarse con otros equipos. El desarrollador recopiló las señales características de distintos modelos y construyó una especie de “huella digital” que permite a ZuckOff reconocerlos cuando aparecen cerca.

Existe una limitación importante: ZuckOff puede detectar la presencia de los anteojos, pero no puede determinar si están grabando en ese momento.
La aplicación tampoco permite conocer con exactitud dónde se encuentran. La intensidad de la señal Bluetooth puede utilizarse como referencia para estimar aproximadamente la proximidad del dispositivo, pero no para determinar con precisión su ubicación.
Esta diferencia es clave: una alerta indica que existe cerca un dispositivo compatible con la detección, no que una persona esté necesariamente filmando al usuario.
La aparición de ZuckOff coincide con una discusión creciente sobre la privacidad asociada a los dispositivos vestibles.
Los anteojos inteligentes pueden incorporar cámaras, micrófonos, conectividad e inteligencia artificial en un dispositivo que visualmente se parece cada vez más a unos lentes convencionales.
WIRED señaló que algunas escuelas y cines comenzaron a establecer restricciones sobre su utilización y recogió antecedentes relacionados con la publicación de imágenes de personas registradas mediante este tipo de dispositivos sin su consentimiento.
Uno de los mecanismos utilizados por los fabricantes para advertir una grabación es una pequeña luz incorporada en los anteojos. Sin embargo, han aparecido modificaciones destinadas a ocultar o alterar ese indicador, lo que incrementó las preocupaciones sobre posibles usos abusivos.
El fenómeno, además, dejó de ser marginal. Según los datos citados por WIRED, durante 2025 se vendieron alrededor de siete millones de unidades de los anteojos inteligentes de Meta.

El escaneo básico de ZuckOff es gratuito y la aplicación está disponible para iPhone y Android.
Existe además una versión con funciones adicionales que incorpora herramientas como monitoreo continuo en segundo plano, alertas, widgets, historial de detecciones y exportación de información.
Según WIRED, durante su primer mes de lanzamiento la aplicación superó las 5.000 descargas en la App Store y alcanzó alrededor de 1.000 en Google Play al momento de la publicación de su informe.
En materia de privacidad, sus desarrolladores aseguran que ZuckOff no requiere crear una cuenta y que los registros de los escaneos Bluetooth permanecen almacenados localmente en el dispositivo, salvo determinadas acciones voluntarias realizadas por el usuario.
La aparición de aplicaciones como ZuckOff anticipa un nuevo escenario. A medida que las cámaras se vuelven más pequeñas, discretas e integradas a objetos cotidianos, comienzan a surgir tecnologías específicamente diseñadas para advertir su presencia.
ZuckOff no puede impedir que alguien grabe, tampoco garantiza que los anteojos detectados tengan la cámara activada. Pero introduce una posibilidad hasta ahora poco habitual: que una persona pueda recibir una alerta cuando determinados anteojos inteligentes capaces de registrar imágenes se encuentran cerca.
El debate excede a Meta. Con cámaras, micrófonos e inteligencia artificial cada vez más integrados a la ropa y los accesorios, la discusión sobre quién puede grabar, quién puede saber que está siendo grabado y qué herramientas tendrá para proteger su privacidad recién comienza.