El trabajo fue publicado en la revista científica NeuroImage y abre una línea de investigación relevante para entender mejor los trastornos de la conciencia, además de aportar información para futuras terapias vinculadas a síntomas como la depresión, la ansiedad o el trauma.
Los estados no ordinarios de conciencia, conocidos como NOC por su sigla en inglés, son experiencias cualitativamente distintas a la vigilia cotidiana. Pueden incluir distintas fases del sueño, estados meditativos profundos, trance, experiencias bajo psicodélicos, estados vegetativos o situaciones de coma.
Para la ciencia, estos estados funcionan como una especie de ventana privilegiada hacia una pregunta central: cómo el cerebro produce la experiencia subjetiva. Mientras la vigilia ordinaria suele ser estable y difícil de desarmar, los estados no ordinarios permiten observar qué ocurre cuando esa organización habitual se modifica.
“Los NOC son una especie de laboratorio natural para entender cómo funciona la conciencia. La vigilia ordinaria es tan estable que nos resulta difícil ver su estructura. Al reorganizarla, los NOC la vuelven visible”,explicó Pablo Barttfeld, investigador del CONICET en el Instituto de Investigaciones Psicológicas, dependiente del CONICET y la Universidad Nacional de Córdoba.

Un caso excepcional: entrar en un estado similar al psicodélico sin drogas
El estudio documentó el caso de Agustina Vélez Picatto, identificada en el trabajo como AVP, una persona capaz de entrar voluntariamente en un estado no ordinario de conciencia sin consumir sustancias psicodélicas y sin haber realizado un entrenamiento formal prolongado.
Durante ese estado, la participante reportó experiencias similares a las descriptas en contextos psicodélicos: visualización de imágenes geométricas vívidas, alteración de la percepción corporal y sensación de unidad.
A lo largo de 20 sesiones de resonancia magnética funcional, los investigadores pudieron reconstruir cómo el cerebro de la participante se reorganizaba de manera sistemática y reproducible cada vez que ingresaba en ese estado. El trabajo fue publicado en NeuroImage, una revista internacional especializada en neurociencia, bajo el título The neurophenomenology of a self-induced transcendental visionary state: A case study.
El hallazgo más importante es que las reconfiguraciones cerebrales observadas se parecen a las registradas en estudios sobre psicodélicos, meditación profunda y trance. Entre esos cambios aparecen el aislamiento de la corteza visual, el desacople de redes sensoriales y el fortalecimiento de redes asociadas a la atención interna.
Según Barttfeld, esto sugiere que podrían existir principios comunes en la forma en que el cerebro sostiene estados no ordinarios de conciencia, más allá del método utilizado para inducirlos.

Por qué este estudio es importante
Uno de los problemas habituales para estudiar estados no ordinarios de conciencia es la tensión entre riqueza de la experiencia y control experimental.
Los estados más ricos desde el punto de vista subjetivo suelen ser difíciles de medir: cambian mucho entre personas, varían entre sesiones y muchas veces los momentos más intensos son también los más difíciles de reportar. En el caso de los psicodélicos, además, los fármacos pueden introducir cambios fisiológicos que complican la interpretación de los resultados.
Por otro lado, los modelos más controlados, como la anestesia, permiten medir con precisión ciertos cambios cerebrales, pero dicen menos sobre el contenido de la experiencia consciente.
El caso estudiado por el CONICET permite combinar las dos cosas: control experimental y riqueza fenomenológica. La participante puede entrar en ese estado voluntariamente, repetirlo sesión tras sesión e interactuar durante el proceso, lo que permite estudiar con mayor precisión cómo cambia la actividad cerebral cuando cambia la experiencia subjetiva.
Qué puede aportar a la medicina y la salud mental
El estudio no debe interpretarse como una terapia ya disponible ni como una prueba clínica definitiva. Se trata de una investigación básica basada en un caso único. Sin embargo, sus posibles aplicaciones futuras son relevantes.
La primera línea de impacto está vinculada con los trastornos de la conciencia, como el coma, los estados vegetativos o los estados de mínima conciencia. Comprender qué configuraciones cerebrales sostienen experiencias ricas y estables podría ayudar a desarrollar criterios más finos para evaluar pacientes que no pueden comunicarse verbalmente.
La segunda línea se relaciona con el crecimiento internacional de las terapias asistidas por psicodélicos. Si un estado cerebral similar al psicodélico puede alcanzarse de manera voluntaria y sin drogas, aparece una pregunta clave: qué parte del eventual efecto terapéutico depende del fármaco y qué parte depende del estado de conciencia en sí.
A largo plazo, esta línea de investigación podría contribuir al diseño de intervenciones no farmacológicas para síntomas asociados a la ansiedad, la depresión o el trauma. Pero todavía falta investigación, más casos, comparaciones sistemáticas y estudios clínicos específicos.

Ciencia argentina en una frontera global
El trabajo fue realizado por un equipo multidisciplinario integrado por investigadores del CONICET, la Universidad Nacional de Córdoba y la Universidad de Lund, en Suecia. El primer autor fue Gabriel Della Bella, becario doctoral del CONICET en el Instituto de Investigaciones Psicológicas. También participaron Pablo Barttfeld, Pedro Lambertiy Etzel Cardeña, entre otros especialistas.
La investigación muestra el lugar que ocupa la ciencia argentina en una de las discusiones más complejas de la neurociencia contemporánea: qué es la conciencia, cómo se organiza en el cerebro y qué ocurre cuando esa organización se transforma.
En tiempos donde la salud mental, la neurociencia y las terapias emergentes ocupan un lugar cada vez más importante en la agenda pública, el estudio del CONICET aporta una señal concreta: entender los estados no ordinarios de conciencia puede ser clave no solo para explorar los límites de la experiencia humana, sino también para desarrollar nuevas formas de diagnóstico y tratamiento.
El próximo paso será refinar la relación entre lo que la persona experimenta durante el estado autoinducido y lo que sucede en su cerebro a nivel neuronal. Para eso, los investigadores buscarán medir con mayor resolución temporal cada fase de la experiencia y comparar este caso con otros estados inducidos por distintas vías.