SALUD

Publicado 12/10/2026

Pandemias y bacterias resistentes: la biotecnología argentina ante una nueva agenda de seguridad sanitaria

Una comisión de The Lancet identificó 17 grandes amenazas para la salud mundial. Argentina cuenta con producción de vacunas, redes de laboratorios y vigilancia genómica. El desafío es conectar esas capacidades para detectar riesgos y fabricar respuestas a tiempo.
Compartir
Compartir por Facebook Compartir por WhatsApp Compartir por X Compartir por Telegram

Una comisión de The Lancet identificó 17 grandes amenazas para la salud mundial. Argentina cuenta con producción de vacunas, redes de laboratorios y vigilancia genómica. El desafío es conectar esas capacidades para detectar riesgos y fabricar respuestas a tiempo.

La próxima emergencia sanitaria podría comenzar con un virus desconocido o con una bacteria que ya no responde a los antibióticos habituales. En ambos casos, la velocidad será decisiva: detectar el problema, conocer cómo se propaga, desarrollar una herramienta y producirla en cantidad suficiente. Un nuevo informe de la Comisión de The Lancet, difundido el 11 de octubre de 2026, propone pensar esa secuencia como una cuestión de preparación nacional.

La comisión analizó riesgos para la salud hasta 2100 en 204 países y territorios e identificó 17 amenazas sobre las que todavía es posible intervenir. Entre ellas figuran las pandemias de origen natural y la resistencia a los antimicrobianos. Su recomendación central combina sistemas de salud preparados, inversión en innovación y seguimiento permanente de los riesgos. Son escenarios modelados, no predicciones de que una crisis determinada vaya a ocurrir en una fecha concreta. Para Argentina, la pregunta es concreta: ¿qué parte de esa respuesta puede hacer el país con capacidades propias y qué parte necesitaría construir?

Vacunas: una base industrial que ya existe

Argentina tiene antecedentes que van más allá de la investigación de laboratorio. La vacuna ARVAC Cecilia Grierson, desarrollada por la UNSAM, el CONICET y el laboratorio Cassará, completó investigación, ensayos clínicos, producción y registro ante la ANMAT. Ese recorrido muestra que es posible unir ciencia pública, inversión y fabricación local en un producto autorizado.

También existe capacidad de producción a escala. Según informó el Ministerio de Salud en junio, Sinergium Biotech había producido y exportado más de 18 millones de dosis de vacuna antigripal durante 2026. La empresa participa además en acuerdos vinculados con la vacuna antineumocócica y desarrolla una planta piloto para vacunas y terapias basadas en ARN mensajero.

La OMS identifica a Sinergium entre los receptores de su programa de transferencia de tecnología de ARN mensajero. El valor estratégico de una plataforma así reside en poder adaptar diseños frente a distintos patógenos, aunque cada vacuna necesita después evaluación, ensayos y autorización propios.

Diagnosticar y secuenciar para ganar tiempo

Una respuesta industrial empieza con información confiable. La ANLIS Malbrán dispone de laboratorios de referencia y capacidades de secuenciación para caracterizar patógenos. En agosto, anunció con Illumina un acuerdo cuya primera iniciativa prevé validar un panel capaz de detectar mediante secuenciación cerca de 200 virus. La palabra clave es validar: se trata de una herramienta prevista en un convenio, no de una capacidad ya desplegada en todos los laboratorios del país.

En diagnóstico también hay desarrollos locales. El kit argentino Detect-AR Dengue fue evaluado por el Instituto Maiztegui con muestras de los cuatro serotipos del virus. Es un ejemplo de cómo investigación, desarrollo de reactivos y laboratorios públicos pueden responder a una necesidad epidemiológica concreta.

La prueba para una futura emergencia será integrar esas piezas: que una señal detectada en una provincia llegue rápidamente a la red nacional, se confirme, se secuencie cuando corresponda y se convierta en una decisión sanitaria. Tener equipos de alta complejidad es indispensable; sostener personal, insumos, intercambio de datos y tiempos de respuesta también lo es.

En el terreno de las bacterias resistentes, Argentina ya posee una red de observación. El Servicio Antimicrobianos del Malbrán coordina WHONET-Argentina, que, según la información oficial de septiembre de 2026, reunía datos de 91 laboratorios sobre infecciones comunitarias y hospitalarias. Esa vigilancia permite identificar mecanismos de resistencia y orientar mejores decisiones clínicas.

El país aprobó, además, un Plan Nacional de Acción 2026–2029. Incluye vigilancia en salud humana y animal, prevención de infecciones, uso adecuado de medicamentos y evaluación de nuevas tecnologías de diagnóstico y tratamiento. La resistencia no se resuelve únicamente descubriendo antibióticos: también exige preservar la eficacia de los existentes.

Aquí aparece una distinción para la política industrial. Vigilar bacterias resistentes no equivale a disponer de nuevos antibióticos desarrollados y fabricados localmente. Convertir hallazgos científicos en tratamientos requeriría investigación sostenida, pruebas preclínicas, ensayos en personas, capacidad productiva y condiciones económicas que hagan viable su desarrollo.