El estudio se centró en un modelo eléctrico de Nio y documentó el flujo masivo de datos hacia infraestructura ubicada en territorio chino. La preocupación no se limita a la protección de información personal: los analistas advierten que los vehículos modernos son plataformas digitales sobre ruedas, con múltiples cámaras, radares, sensores láser y sistemas de conducción asistida que generan enormes volúmenes de datos del entorno y del interior del habitáculo.

Según informó el Financial Times, en Washington el eje del debate ya no son los aranceles sino las restricciones a la conectividad y al uso de software y chips chinos en vehículos comercializados en Estados Unidos. Las autoridades estadounidenses permiten el uso de materiales fabricados en China, pero prohíben componentes críticos vinculados a comunicaciones y conducción autónoma por el riesgo potencial que representarían para la seguridad nacional.

Filtración de datos y riesgo de sabotaje remoto
El investigador noruego Tor Indstøy analizó el funcionamiento de un vehículo eléctrico Nio y concluyó que la mayor parte de los datos generados eran enviados a servidores en China. Aunque el espionaje es uno de los temores centrales, especialistas sostienen que el riesgo más grave podría ser el sabotaje remoto.
En una prueba adicional, investigadores condujeron un autobús chino a una mina sin conectividad externa y lograron acceder de forma remota a su sistema de gestión de baterías, evidenciando vulnerabilidades críticas. Estudios en Dinamarca y el Reino Unido detectaron brechas similares en sistemas de vehículos conectados.
Las inquietudes no son exclusivas de Estados Unidos. En Polonia, el centro de estudios OSW advirtió que se evalúa prohibir el ingreso de autos chinos en instalaciones militares. Israel ya había adoptado restricciones en 2023, impidiendo que oficiales del Ejército adquieran vehículos de origen chino por motivos de seguridad. En el Reino Unido, el Ministerio de Defensa recomendó evitar conversaciones sensibles dentro de vehículos con electrónica china.

Guerra tecnológica: liderazgo automotriz y control de la conectividad
El conflicto trasciende la privacidad individual y se inscribe en la disputa por el liderazgo global en movilidad eléctrica y conducción autónoma. Mientras Estados Unidos apuesta a bloquear componentes tecnológicos chinos para preservar su control sobre la evolución del auto conectado, Europa optó inicialmente por aranceles a los vehículos eléctricos chinos.
Sin embargo, ese enfoque mostró límites. Varias automotrices europeas continuaron externalizando el desarrollo de software y chips a proveedores chinos. En algunos casos, empresas asiáticas combinan carrocerías ensambladas en Europa con sensores y sistemas de conducción autónoma desarrollados en China para operar servicios de robotaxis. El resultado es una creciente dependencia tecnológica.
Las restricciones estadounidenses generaron además incentivos indirectos para transferencias de tecnología. El Financial Times citó el caso de la empresa china Quectel, que habría transferido software a la estadounidense Eagle Wireless para mantener presencia en el mercado de módulos de conectividad automotriz.

En este escenario, el debate central es si las advertencias responden exclusivamente a riesgos reales de ciberseguridad o si también forman parte de una estrategia geopolítica para frenar el avance de la industria automotriz china en mercados occidentales.
Lo cierto es que los autos modernos son dispositivos conectados que recopilan datos de geolocalización, hábitos de conducción, imágenes y conversaciones. En un mundo donde la Inteligencia Artificial y la conectividad definen el valor agregado de los vehículos, el control del flujo de datos se convirtió en un asunto estratégico global.
Fuente: Infobae, con información de Financial Times.