SEGURIDAD

Publicado 12/03/2026

Fraudes bancarios: cuáles son los riesgos y qué soluciones recomiendan los expertos

El aumento sostenido del fraude financiero está evidenciando que mientras las amenazas evolucionan con velocidad y sofisticación, muchas instituciones aún siguen operando bajo modelos de gestión del riesgo pensados para otra era.
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El aumento sostenido del fraude financiero está evidenciando que mientras las amenazas evolucionan con velocidad y sofisticación, muchas instituciones aún siguen operando bajo modelos de gestión del riesgo pensados para otra era.

La seguidilla de fraudes bancarios es una preocupación que se ha vuelto tendencia en los últimos años. La Unidad Fiscal Especializada en Ciberdelincuencia (UFECI) ha registrado en los últimos años más de 30 mil reportes por delitos informáticos, entre estafas por compra-venta por internet, la suplantación de identidad y accesos ilegítimos.

Es una realidad que a medida que avanza la adopción de métodos de pago digitales, más se perfecciona el cibercrimen, pero a la hora de buscar cómo frenar este problema, suele mirarse hacia el lado equivocado. No son los delincuentes más sagaces; quizás los bancos son parte del problema.

De acuerdo a un análisis publicado por EPAM Systems Inc. titulado “El fraude es solo un síntoma, la cultura bancaria es la enfermedad”, el crecimiento del fraude se debe más a una cultura institucional excesivamente conservadora que a un asunto técnico, porque los bancos vienen tratando el fraude como un riesgo tolerable y presupuestable en lugar de asumirlo como una prioridad de liderazgo.

 

 

Según los expertos de EPAM, empresa global de tecnología con presencia en Argentina, durante décadas muchas entidades financieras han abordado el fraude desde una lógica de cumplimiento normativo, enfocándose en “ser suficientemente compatibles” con los reguladores o en alcanzar la paridad con la industria.

Esta es una mentalidad que hoy es insuficiente, teniendo en cuenta la velocidad del ecosistema bancario donde los pagos en tiempo real, las identidades sintéticas y el uso extensivo de Inteligencia Artificial por parte de redes criminales altamente coordinadas es una constante.

El problema se agrava cuando la prevención del fraude queda fragmentada entre áreas legales, de riesgo u operaciones, diseñadas para evitar exposición y retrasar decisiones. En estos esquemas, los equipos responsables carecen de autonomía, presupuesto y capacidad de innovación, lo que se traduce en respuestas lentas, modelos que tardan meses en actualizarse y arquitecturas tecnológicas que no acompañan la velocidad de los ataques actuales.

 

 

Esta desconexión cultural tiene efectos directos en la experiencia del usuario. Los sistemas basados en reglas rígidasgeneran altos niveles de falsos positivos y rechazos innecesarios. Con esto, se afecta la confianza del cliente y se elevan los costos operativos.

Mientras tanto, los ciberdelincuentes operan con modelos ágiles, descentralizados y en tiempo real, muy similares a los de una startup tecnológica.

El análisis de EPAM plantea que la verdadera ventaja competitiva en la lucha contra el fraude está en la capacidad de respuesta. Las instituciones que no reaccionan a tiempo pierden dinero, credibilidad, depósitos y margen operativo.

Incluso, el incremento de litigios asociados a fallas en la protección contra el fraude comienza a generar impactos que trascienden el balance financiero, afectando costos de adquisición y reservas de capital. Según afirman los expertos de EPAM, la prevención del fraude debe ser un mecanismo de protección del margen y del crecimiento. Esto implica pasar de estructuras orientadas a auditoría y documentación a modelos de gestión basados en inteligencia en tiempo real, análisis de comportamiento y toma de decisiones integrada al negocio.

 

 

Algunas instituciones líderes ya están avanzando en esta dirección, transformando sus equipos antifraude en unidades ágiles, con enfoque de producto y responsabilidad directa sobre resultados.

Estas capacidades permiten detectar fraudes con mayor precisión y habilitar nuevos casos de uso, como procesos de onboarding más fluidos, aprobaciones de crédito en tiempo real y experiencias personalizadas basadas en patrones de comportamiento.

Para el sistema financiero argentino, la inacción puede convertirse en pérdidas. El fraude no puede seguir tratándose como un simple requisito de cumplimiento. Afrontar esta problemática es una verdadera prueba de liderazgo. La reputación está en juego y, si se pierde, con ella se va la confianza, que es lo más difícil de recuperar.