SEGURIDAD

Publicado 21/04/2026

Ivan Stefanov, CEO de NOTO: “El costo total del fraude nadie lo está midiendo”

Mientras el fraude financiero y el lavado de dinero dejaron de ser un problema exclusivo de los bancos para expandirse hacia fintech, e-commerce, cripto, gaming y plataformas digitales, compañías especializadas comenzaron a ocupar un lugar central en la infraestructura de seguridad del sistema financiero.
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Mientras el fraude financiero y el lavado de dinero dejaron de ser un problema exclusivo de los bancos para expandirse hacia fintech, e-commerce, cripto, gaming y plataformas digitales, compañías especializadas comenzaron a ocupar un lugar central en la infraestructura de seguridad del sistema financiero.

Una de ellas es NOTO, firma tecnológica que como pocas ofrece la prevención de todos los riesgos financieros en una misma herramienta, enfocada en prevención de fraude, compliance, prevención de lavado de dinero (AML) y monitoreo de delitos financieros.

La compañía nació en Bulgaria en 2015, fundada por profesionales de prevención de fraude y manejo de riesgo en compañías como Paypal, Groupon, Crypto.com, que no encontraban en el mercado una herramienta que acompañara los desafíos que encontraban en su trabajo, y se expandió rápidamente en Europa y Latinoamérica donde trabaja con bancos, fintech, procesadores de pagos y grandes organizaciones que necesitan monitorear transacciones en tiempo real, detectar anomalías y reducir riesgos operativos, reputacionales y regulatorios.

Su propuesta combina automatización, inteligencia artificial y análisis humano para construir plataformas capaces de detectar fraude, prevenir lavado de dinero y fortalecer los sistemas de control interno. Entre sus clientes se destacan actores relevantes del ecosistema financiero regional y compañías que operan en industrias altamente expuestas al fraude digital.

 

 

En diálogo con Inteligencia Argentina, su CEO, Ivan Stefanov, quien está en Buenos Aires visitando clientes y aliados estratégicos y en el marco del sponsoreo de la Diplomatura de Prevención de Crimen Financiero y Fraude de la Universidad Austral, analiza cómo cambió el mapa del fraude en América Latina, por qué la inteligencia artificial beneficia tanto a quienes combaten el delito como a criminales, y por qué la prevención del fraude y el lavado de dinero deben ser considerados como una cuestión de seguridad nacional.

 

 

“La prevención del fraude necesita más formación especializada” 

 

¿Por qué NOTO decidió patrocinar el diplomado de la Universidad Austral en prevención de fraude y crimen financiero?

Porque existe mucha formación vinculada al compliance y a la prevención de lavado de dinero, pero los casos específicos de fraude no suelen abordarse con la misma profundidad ni frecuencia.

Nos pareció una iniciativa muy valiosa desde el primer momento, tanto por el contenido del programa como por el nivel de las personas que lo organizan.

Además, conocemos y valoramos mucho al equipo que está detrás del diplomado. Andrés Watle, que lidera fraude en Ualá, y Pedro Adamovic, CISO de Banco Galicia, son profesionales con una enorme trayectoria y muy buena reputación dentro de la industria.

Cuando vimos quiénes estaban impulsando el programa y el enfoque que le estaban dando, entendimos rápidamente que era una iniciativa seria, necesaria y con mucho valor para el ecosistema financiero.

 

“El fraude ya no es un problema bancario: está en todas partes”

 

Durante mucho tiempo el fraude se asoció casi exclusivamente a los bancos. Hoy aparece también en fintechs, e-commerce, gaming y criptomonedas. ¿Qué cambió?

Creo que el denominador común de los últimos años es la velocidad. La evolución del fraude se aceleró enormemente. Eso se ve en la banca tradicional, en fintech y especialmente en cripto, donde aparecieron nuevas tipologías completamente adaptadas a ese ecosistema.

Los estafadores hoy están en todas partes. Además, tienen una ventaja enorme: las redes sociales. Ahí encuentran información masiva sobre hábitos de consumo, trabajos, rutinas y preferencias de las personas. Eso les permite construir ataques mucho más precisos.

Hoy alguien puede intentar apropiarse de tu identidad desde cualquier parte del mundo. Ya no existen fronteras reales para el fraude digital.

 

 

“Las redes sociales facilitaron el trabajo de los criminales”

 

¿Las redes sociales empeoraron el problema?

Sin duda. Hoy los usuarios exponen muchísimo más de su vida cotidiana: qué compran, dónde están, qué hacen, cómo viven.

Eso vuelve mucho más fácil el robo de identidad, el phishing y la apropiación de credenciales. Antes un criminal necesitaba más tiempo para construir un engaño; hoy gran parte de esa información está disponible públicamente.

Eso atraviesa todas las industrias: consumo, bancos, fintech, cripto. El fraude dejó de ser vertical y pasó a ser transversal.

 

“El costo del fraude no es solo la plata robada”

 

¿Cuál es el verdadero impacto económico del fraude para una organización?

Nosotros hablamos mucho del “costo total del fraude”. No se trata solamente del dinero que una empresa debe devolver por una transacción no autorizada.

También está el costo de prevenirlo: tecnología, equipos especializados, integración de sistemas, procesos internos. Después aparece la fricción con el cliente, porque ninguna estrategia es perfecta y muchas veces se generan falsas alertas o demoras.

Y finalmente está el daño reputacional. Cuando un cliente de un banco o una fintech es defraudado, generalmente va a redes sociales, se queja públicamente y muchas veces abandona la cuenta.

Perder clientes es carísimo, porque adquirirlos también cuesta mucho: marketing, onboarding, desarrollo comercial. Entonces el impacto termina siendo mucho más grande que la transacción fraudulenta en sí.

 

Ivan Stefanov, CEO de NOTO

 

“Las fintech avanzan más rápido, pero eso también las vuelve más vulnerables”

 

¿Cuáles son hoy los principales riesgos de fraude que enfrentan las fintech en Argentina y América Latina?

Las fintech nacieron para mejorar lo que históricamente hicieron los bancos tradicionales: onboarding más rápido, menos fricción, aprobaciones más ágiles y transacciones más simples.

Pero justamente esa velocidad también genera una superficie de ataque mucho mayor. Los estafadores siempre siguen el camino de menor resistencia, y muchas veces encuentran en las fintech procesos más expuestos que en la banca tradicional.

Uno de los principales problemas son las cuentas nuevas y falsas que logran atravesar los procesos de alta. También vemos mucho fraude vinculado al llamado fraude amistoso, contracargos y reclamos por transacciones supuestamente fraudulentas.

En productos de crédito esto se vuelve todavía más sensible. Muchas fintech ofrecen préstamos online con procesos mucho más ágiles que los bancos, y si no existe suficiente diligencia o validación, eso puede ser explotado por estafadores.

Incluso buenos clientes, bajo determinadas circunstancias, pueden terminar cometiendo fraude.

Es una mezcla compleja. La lógica de crecimiento de las fintech exige velocidad y simplicidad, pero esa misma lógica obliga a construir sistemas de prevención mucho más sofisticados para evitar que esa eficiencia se convierta en vulnerabilidad.

 

“La IA está siendo usada por ambos lados”

 

La inteligencia artificial ayuda a prevenir fraude, pero también ayuda a los criminales. ¿Cómo ves esa carrera?

La IA está siendo usada por ambos lados: por quienes combaten el crimen financiero y por los estafadores.

Generalmente los criminales son los primeros en adoptar porque no tienen regulación, compliance ni auditorías. Ellos pueden probar, fallar e iterar mucho más rápido.

Muchas estafas que antes requerían grandes equipos humanos hoy se automatizan con IA y pueden escalar muchísimo más rápido.

Por otro lado, empresas como Noto usan IA para potenciar a los analistas de fraude y compliance, no para reemplazarlos.

La IA no elimina al experto: lo vuelve más eficiente.

 

“Un CEO debe medir el fraude como mide cualquier riesgo estratégico”

 

¿Qué debería mirar un CEO para saber si su sistema de prevención de fraude funciona?

Primero, entender que no se trata solo del sistema, sino de todo el programa de prevención.

Hay que medir muchas variables: si se cubre todo el recorrido del cliente, desde el alta de cuenta hasta el acceso y las transacciones; qué porcentaje de fraude se detecta; cuántos falsos positivos existen; cuántas quejas genera el sistema; cómo escala el programa cuando crece el negocio.

Esto no puede revisarse una vez cada dos años. Tiene que estar en la agenda del directorio de manera recurrente.

La prevención del fraude debe gestionarse como cualquier otro riesgo estratégico.

 

 

“Fraude y lavado de dinero son dos caras del mismo problema”

 

¿Cómo se conecta la prevención del fraude con el financiamiento del terrorismo y otras redes criminales?

Fraude y prevención de lavado de dinero son procesos muy parecidos porque ambos se basan en clientes, transacciones, monitoreo e investigación.

Cada vez más bancos y fintech entienden eso y buscan usar plataformas compartidas para AML y fraude, lo que permite conectar equipos, compartir alertas y tomar decisiones mucho más rápidas.

El financiamiento del terrorismo entra dentro de esa lógica. Muchas veces no se trata de grandes movimientos de dinero, sino de pequeñas transacciones repetidas. Por eso el monitoreo debe ser mucho más inteligente.

Además existen listas internacionales de sanciones y personas bloqueadas que estas plataformas ayudan a controlar.

 

“Esto también es seguridad nacional”

 

¿La prevención del fraude debería ser una política de seguridad nacional y no solo financiera?

La respuesta corta es sí.

Fraude, lavado de dinero y financiamiento del terrorismo están profundamente conectados. Es el ciclo completo del delito financiero.

Todo dinero obtenido ilegalmente después necesita ser lavado para volver a entrar en la economía real o para financiar otras actividades: terrorismo, corrupción, manipulación electoral, compra de votos.

Durante muchos años el foco regulatorio estuvo más puesto en el lavado de dinero, pero el fraude es la otra mitad del problema.

Los gobiernos deberían mirar ambos fenómenos con la misma prioridad.

Porque ya no estamos hablando solamente de pérdidas económicas: estamos hablando de estabilidad institucional.