El primer riesgo es la pérdida de datos personales. Muchas VPN gratuitas se financian recolectando y monetizando información. Algunas inspeccionan el tráfico, redirigen DNS o instalan certificados que les permiten leer lo que hacés online. En dispositivos Android, TV boxes o Smart TVs, suelen pedir permisos excesivos.
Sumado a la instalación de apps de streaming ilegales (APKs no verificadas), el escenario es propicio para robo de contraseñas, correos, tokens de sesión y credenciales bancarias. No es teórico: el patrón más frecuente es el acceso posterior a home banking y billeteras desde ubicaciones desconocidas.

El segundo riesgo es el falso anonimato. Una VPN gratuita no garantiza protección legal ni anonimato real. Muchas guardan registros, comparten IPs “quemadas” y cooperan ante requerimientos. En lugar de ocultarte, te concentran en infraestructuras vigiladas, facilitando bloqueos automáticos y correlación de actividad.
Tercero, el peligro de los “revivals”. Tras un bloqueo judicial, los backends originales suelen estar clausurados. Los supuestos accesos que reaparecen suelen ser clones creados para capturar usuarios. El incentivo no es brindar contenido, sino infectar dispositivos y exfiltrar datos.
Cuarto, impacto en el dispositivo y la red. Las VPN gratuitas degradan el rendimiento y pueden modificar rutas o configuraciones de red. En TVs y boxes esto provoca cuelgues y fallas; en redes hogareñas, abre vectores para comprometer otros equipos.

Alternativas responsables: usar plataformas legales; si la prioridad es privacidad general (no eludir pagos o derechos), optar por VPNs auditadas y de pago, con políticas claras de no-logs; mantener sistemas actualizados y evitar APKs fuera de tiendas confiables.