TENDENCIAS

Por Antoni Gutiérrez-Rubí

Publicado 12/03/2026

Reconstruir un mundo común, la tarea pendiente para la acción colectiva democrática

El impacto de las redes sociales y de los algoritmos en la política en sentido amplio es un tema vastamente estudiado. Las dificultades para llegar a audiencias cada vez más fragmentadas no es un asunto extraño para quienes navegamos entre estas cuestiones. Pero una dificultad menos comentada y analizada se abre lugar: ¿qué se necesita para la construcción de proyectos colectivos en este momento de la era de la información?
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El impacto de las redes sociales y de los algoritmos en la política en sentido amplio es un tema vastamente estudiado. Las dificultades para llegar a audiencias cada vez más fragmentadas no es un asunto extraño para quienes navegamos entre estas cuestiones. Pero una dificultad menos comentada y analizada se abre lugar: ¿qué se necesita para la construcción de proyectos colectivos en este momento de la era de la información?

Las comunidades actuales cambiaron profundamente respecto a sus configuraciones previas, de la mano de impactos tecnológicos de gran magnitud. Primero, las redes sociales moldearon una nueva sociedad, cada vez más hiperconectada pero también más castigada por la soledad no deseada, especialmente a los jóvenes. Sin ir más lejos, de acuerdo a un estudio de la Organización Mundial de la Salud de junio de 2025, el aislamiento social impacta en uno de cada cinco personas menores de 30 años. Mucho más que lo que ocurre en otros grupos de edad.  

 

Antoni Gutiérrez-Rubí, asesor de comunicación y consultor político.

 

La lógica de recomendación de los algoritmos, las burbujas de filtros y las cámaras de eco que resultaron de ello impactaron en lo que Byung Chul Han llamó la disolución del mundo de la vida. Es decir, la desagregación de las referencias y espacios en común que convocan a los participantes de las comunidades. Así y en niveles extremos, asistimos a una situación en la que los miembros de una misma familia pueden compartir el hogar pero viven en cosmos diferentes, con tendencias y hasta códigos lingüísticos que aíslan a unos de otros. 

 

 

Un poco más adelante, el scroll infinito, introducido por TikTok y luego imitado por la competencia, supuso un nuevo cambio de paradigma para Internet. Transformó la navegación, que era parte de un ejercicio de curiosidad, para volverla una oferta narcótica de contenido (relevante o no; verdadero o cuestionable; deseado o no tanto) y de estímulos que transforma nuestra relación con la información. Fenómenos como la evasión de la información y la minimización del “segundo clic” ilustran algunas tendencias relevantes. 

 

Y, coronando el proceso, la inteligencia artificial generativa llegó con la promesa de la optimización de las tareas, pero con sustanciales efectos en la intersubjetividad. Además de los sesgos de la información a la que se accede (que ya resultaba un problema con la naturalización de la recomendación algorítmica), esta nueva herramienta supone una amenaza para el debate público. Apenas algunos de los factores que lo afectan son la selección arbitraria de fuentes de información; la posibilidad de crear imágenes, vídeos, personalidades, y el potencial de incidir en los climas de opinión, especialmente en contextos de extrema incertidumbre. 

 

 

Un nuevo tipo de comunidad, un nuevo tipo de ciudadano 

Todo lo anterior transforma las comunidades y su organización, porque reconfigura lo social. Por mencionar algunos cambios:

Individualiza las diferencias. En línea con lo que advierte en sus trabajos François Dubet, la individualización colabora a que las personas conciban que las adversidades que enfrentan son un fenómeno particularísimo. Así, atenta contra la capacidad asociativa de las personas para organizarse y hacerles frente. 

Nos devuelve al rol de plenos consumidores de información. Si bien hace cierto tiempo se veía a las nuevas tecnologías como creadoras de una fuerza comunitaria imparable, la concentración oligopólica, la aceleración tecnológica y la multiplicación exponencial de contenidos retrajo la demanda de proactividad de los usuarios y ya hasta la concepción de las redes sociales quedó transfigurada. 

Deshumaniza el diálogo público.  El contenido sintético en sitios web ya superó al creado por humanos. Este asunto se vuelve central si tenemos en consideración que la web y las redes sociales cada vez ganan más terreno como principal fuente de información. ¿Se avecina una mímica de diálogo público, alimentado por prompts y contenidos artificiales?

Relativiza la necesidad de agencia humana en los procesos de decisión colectiva. La inteligencia artificial emerge como la gran optimizadora de tareas individuales y colectivas. La participación democrática no está a salvo, y pronto estaremos frente un debate más generalizado sobre la conveniencia de que sean las IA quienes tomen las decisiones políticas en pos de una mayor eficiencia. 

 

 

Para lo comuitario, un mundo compartido

Lo anterior, entonces, plantea un desafío mayúsculo. Sin nunca olvidar la etimología de la palabra “política”, el desafío de los movimientos sociales, de la oferta partidaria y de los nuevos liderazgos quizás no sea ya la construcción de mayorías. Su causa, acaso, deba ser la de la restitución del mundo en común, que resuene con las nuevas, diversas y fragmentadas subjetividades. 

Es decir, la clave no está en el ludismo reactivo de quien quiere volver a un pasado mejor, ni en la añoranza de un ayer idealizado. Se trata de comprender el mundo que habitamos, sus tensiones profundas y las tendencias emergentes para adaptarse a los cambios que ya están aquí entre nosotros. 

En otras palabras, reconstruir la polis se vuelve obligatorio para quienes quieran incidir en sus sociedades sin resignar calidad democrática y compromiso cívico. 

 

  • Antoni Gutiérrez-Rubí es Asesor de comunicación y consultor político. Director en Ideograma y preside el Consejo Asesor Internacional de Agenda Pública

  • Este texto incluye (pero no se limita a) reflexiones, preguntas y enfoques ofrecidos en la charla informativa para la cuarta edición de la Diplomatura en Comunicación Política y Campañas Electorales en la Universidad Nacional Tres de Febrero que dirige el autor de este artículo. Las inscripciones están abiertas hasta el 13 de marzo en este enlace.